Parece otro planeta. El Salar de Gorbea es uno de los paisajes más impresionantes del norte de Chile, un lugar remoto y extremo que sorprende a todos quienes lo visitan.
Aquí, la desconexión es total: solo estarás tú, el silencio absoluto del desierto y la fauna que habita este entorno único. Su rareza geológica, fauna y acceso remoto atraen tanto a viajeros de todo el mundo como a los más aventureros
Ubicado a más de 4.000 metros de altura en la cordillera de la Región de Atacama, este salar es un santuario de lagunas verdes, amarillas, turquesas y montañas rojizas que ofrece una de las experiencias de naturaleza más puras de Chile.
Fotografía: @julien.filippeddu
¿Por qué el Salar de Gorbea tiene esos colores tan intensos?

Una de las características más impactantes del Salar de Gorbea son sus lagunas multicolores. Lejos de ser un simple efecto visual, estas tonalidades verdes, amarillas y turquesas tienen una explicación científica ligada a la composición de la tierra y la actividad volcánica.
La intensidad de sus colores se deben a la combinación de:
- Presencia de minerales: Hierro, magnesio y, principalmente, azufre.
- Alta concentración de sales: Que actúan como espejos ante la luz solar.
- Microorganismos extremófilos: Vida microscópica capaz de sobrevivir en condiciones ambientales extremas.
- Radiación y evaporación: Procesos que concentran los sedimentos y saturan las tonalidades.
Cómo llegar al Salar de Gorbea
Se ubica en el sector de la Puna de Atacama. El punto de partida para la expedición suele ser la ciudad de Diego de Almagro, ubicada a 150 kilómetros de Copiapó en la Región de Atacama.
Este salar se mantiene prácticamente intacto y su acceso requiere planificación experta. La mejor época para visitarlo es entre septiembre y marzo, cuando el clima es más estable y las lagunas muestran sus colores más intensos.
Para una visita segura, considera los siguientes puntos:
- Desde Santiago el viaje inicia con un vuelo directo hasta Copiapó (1 hora y 30 minutos aproximadamente).
- Debido a su aislamiento, se recomienda viajar con guías certificados y servicios turísticos registrados en Sernatur, quienes cuentan con el conocimiento y la logística necesarios.
- La mayoría de los operadores ofrecen expediciones de 3 a 4 días que conectan el salar con otros hitos de la Puna de Atacama.
- Los precios de los tours parte desde los $450.000 pesos chilenos (USD 520), según operador y duración.
- Es estrictamente necesario el uso de vehículos 4×4 equipados para alta montaña y caminos de ripio mineros.
¿Qué fauna se puede ver en el Salar de Gorbea?

A pesar de la salinidad y la escasez de oxígeno, este ecosistema alberga una biodiversidad sorprendente, adaptada a la altura y la escasez de agua.
Entre los habitantes que se pueden observar destacan los flamencos, vicuñas y guanacos. Más esquivo, el zorro culpeo aparece ocasionalmente, desplazándose con sigilo por este paisaje extremo.
Esta fauna depende de condiciones muy específicas para sobrevivir; por eso, es fundamental mantener distancia, no intervenir en su hábitat y evitar generar ruido durante tu visita.
Consejos para evitar el mal de altura

Al encontrarse a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, el cuerpo experimenta lo que popularmente se conoce como «puna». El mal de altura es la respuesta natural del organismo a la menor disponibilidad de oxígeno.
Por eso, prepararse adecuadamente es fundamental para disfrutar de los paisajes únicos del Salar de Gorbea:
- Evita subir directamente al salar. Lo ideal es pasar al menos una o dos noches en zonas de altura media, como Copiapó o Diego de Almagro, para que el cuerpo se adapte gradualmente a la altura.
- El clima del salar es extremadamente seco. Beber agua constantemente ayuda a que la sangre fluya mejor y el oxígeno llegue a tus células.
- Prioriza carbohidratos de fácil digestión y evita las comidas pesadas o el alcohol antes y durante el ascenso. En la altura, la digestión es mucho más lenta.
- Camina despacio, respira profundo y evita movimientos bruscos.
- El uso de hojas de coca (en infusión o masticadas) es una práctica milenaria que ayuda a mitigar los dolores de cabeza y la fatiga.